sábado 21 de enero de 2012

LOS MILITANTES DEL PSOE SE DEBATEN ENTRE PAPÁ Y MAMÁ

¿Quieres más a papá o a mamá? He aquí el dilema con el que muchos niños españoles (casi todos) comienzan a aprender lo dura, lo caprichosa y lo absurda que es a veces la vida. Un dilema que, medio en serio y medio en broma, se puede aplicar en estos días a los militantes socialistas, afanados en decidir quién será su nuevo Secretario o Secretaria General. He visitado el Instituto de Enseñanza Media Antonio Machado -la antigua y querida sede de la Universidad Laboral de Alcalá- que acoge a uno de los congresos regionales más importantes previos al Congreso Federal de Sevilla. El cogollo del meollo del bollo de estas asambleas regionales es la elección de los delegados que irán a Sevilla, pero las organizaciones políticas no pueden ceder a la tentación de rizar el rizo. En consecuencia, la votación se adorna con una buena cantidad de tareas accesorias y hasta un poco absurdas, como es el debate tedioso de las más de 5.000 enmiendas que al parecer han presentado los socialistas madrileños a la ponencia marco que se debatirá en la capital andaluza.
También en el congreso federal la tarea esencial -elegir al nuevo Secretario General-se adornará con el debate de unas cuantas cuestiones accesorias. No es baladí, sin embargo, la decisión sobre si elegir o no en primarias al candidato a la Presidencia del Gobierno. Carmen Chacón (entre los problemas que plantea su posible elección al frente de la Secretaría General está el de resolver si deberemos llamarla Carmen o "Carma": recuérdese que Josep Lluis Carod Rovira se mosqueaba mucho si se le llamaba José Luis) ya ha anunciado que, si es elegida, se someterá a unas primarias para que los militantes y/o simpatizantes la refrenden como aspirante a La Moncloa.
Esto de las primarias, moda importada a Europa desde Estados Unidos, se presenta por algunos como el no va más de la modernidad, la transparencia y la participación política de los ciudadanos, pero acabará siendo una pura competición de marketing entre los que puedan permitírselo, como ocurre al otro lado del Atlántico. Para colmo, ya los socialistas españoles atravesaron por una experiencia amarga debida a las primarias: Josep Borrell le ganó la partida a Joaquín Almunia con vistas a las elecciones generales del año 2000 y esto generó una situación interna insoportable, porque no estaba claro a quién correspondía ejercer el liderazgo.
Quizás la única manera de resolver estas situaciones de bicefalia sería cambiar nuestra cultura política: el partido y el grupo parlamentario dejarían de ser un instrumento al servicio del inquilino de La Moncloa y éste pasaría a ser un encargado de ejecutar la política decidida por el partido. O se hace esa separación -un poco al estilo de lo que tradicionalmente ha practicado en España el PNV- o lo mejor es que se mantenga el esquema actual en el que el líder o Secretario General del partido es, por definición, el candidato a la Presidencia del Gobierno.
Así, pues la tarea inmediata de los socialistas españoles es elegir un nuevo liderazgo en el primer fin de semana de febrero,pero la verdadera cuestión de fondo a la que se enfrentan, después del batacazo electoral, es su propia historia. Una historia de éxito indiscutible, pues todo lo que hoy conocemos en Europa como "estado del bienestar" es obra suya. Pero también una historia plagada de clamorosas traiciones a los principios, programas y promesas aprobados en sus congresos. Recuérdese que la III Internacional surge como consecuencia del olvido socialdemócrata del principio marxista de que "los trabajadores no tienen patria" para dedicarse a apoyar a unos gobiernos europeos que se habían embarcado en la aventura trágica de la I Guerra Mundial. Hoy vemos a los socialistas catalanes, partidarios unánimes de Carmen Chacón, dejándose embarcar junto a CIU en la aventura insolidaria del llamado "pacto fiscal", que no es otra cosa que la negativa de los más ricos a compartir la "tarta" con los menos ricos o más desfavorecidos, como se dice ahora.
¿Y qué decir de lo que hizo Felipe González con el referendum sobre la OTAN? Puede que los más jóvenes ya no lo recuerden, pero resulta que una consulta que iba a ser para salirnos de aquel pacto militarista (aunque ahora la OTAN sea percibida como una especie de ONG universal) acabó siendo un plebiscito para quedarnos. ¿Y qué decir de la actitud de ZP en la noche negra del 10 de mayo de 2010? Con la excusa de salvar a España -¿salvarnos de quién?- aceptó las presiones de Merkel, Sarkozy y otros integrantes del Consejo Europeo para olvidarse del programa que le había llevado a La Moncloa por segunda vez. Y en lugar de jugarse el todo por el todo convocando elecciones anticipadas, se adentró en un camino agónico que no podía desembocar en otra cosa que la derrota en las elecciones de noviembre de 2011.
Con Rubalcaba o con Chacón al frente, la tarea que tienen por delante los socialistas es recuperar la credibilidad perdida como partido de gobierno y como partido de izquierdas o por lo menos progresista. Tienen que aprender a respetar sus propios programas, a ser coherentes con sus promesas: el peor obstáculo al que hubo de enfrentarse Rubalcaba en la última campaña electoral fue el de ir prometiendo o proponiendo cosas que no habían hecho cuando estuvieron en el poder. Y otra tarea esencialísima que tienen por delante es la de evitar la disgregación, porque yo creo que existe el peligro de que el sistema de bipartidismo que hemos tenido hasta ahora en España se deslice hacia un sistema de partido casi único, con el PP acaparando todo el poder. Y a mí me parece que con Chacón como Secretaria General el peligro de disgregación aumenta, por lo cual creo que Rubalcaba es la opción más adecuada para esta hora difícil del PSOE.

jueves 5 de enero de 2012

¿A QUIÉN ECHAMOS LA CULPA DEL DÉFICIT?

Dice Michael Corleone en una dramática secuencia de El Padrino III: "ardería en el Infierno si con ello pudiera garantizar la seguridad de mi familia". Mientras subo con esfuerzo esta empinadísima cuesta de enero de 2012, en la que se cumplen cuatro años desde mi salida de RNE, he recordado a uno de mis personajes cinematográficos favoritos. Porque algunas veces, atrapado por la impotencia o el desánimo, me he dicho a mí mismo: ardería en el Infierno con tal de que mis viejos compañeros me dejaran ir a echarles una mano como si fuera el último becario llegado a la redacción.
Lo peor del tiempo, además de su velocidad uniformemente acelerada, es que sólo corre hacia adelante y hacia abajo, como aquellos ríos de los que hablaba Jorge Manrique en sus coplas. No hay marcha atrás posible y quizá el infierno en que nos abrasamos sea esta imposibilidad de volver a vivir lo ya vivido.
No puedo, pues, reencarnarme en un becario. Pero sí puedo consolarme escuchando la radio ahora más que nunca. Y el otro día, mientras preparaba el desayuno, cogí al vuelo una pregunta que dejaba en las ondas una funcionaria del Estado. Qué culpa tengo yo del déficit -venía a decir la buena señora- para que ahora me hagan pagarlo reduciéndome el sueldo. Y remataba su intervención pidiendo que "alguien me lo explique".
Lo primero que yo le habría dicho a esta oyente -o escuchante, como dicen en el programa de Pepa Fernández- es que con el déficit ocurre como con el colesterol: hay uno bueno y otro malo. Puede hablarse de déficit bueno cuando su tamaño es moderado y viene causado por las inversiones del Estado en investigación, en mejora de las carreteras, de los ferrocarriles, de las escuelas públicas, de la sanidad, de la defensa nacional, etc. Y nos encontramos ante un déficit malo cuando su tamaño es demasiado grande y además está causado por los llamados gastos corrientes: pagos a proveedores, intereses de la deuda, gastos de personal, etc. Podríamos añadir que hay un déficit malo, pero inevitable y defendible: aquel que viene causado por las prestaciones sociales, principalmente la del desempleo, que se ha disparado a consecuencia de la crisis. De hecho, la caída de los ingresos y el incremento de la partida dedicada a los parados son los dos grandes boquetes que se han abierto en la línea de flotación de las cuentas públicas.
¿Quién tiene la culpa de todo esto? Para la mayoría de los ciudadanos la respuesta, creo yo, está muy clara: los políticos. Siempre es socorrido disponer de un muñeco con el que jugar al pim, pam, pum. Pero las cosas son un poco más complejas. Es cierto que hemos padecido la gestión de políticos despilfarradores y la propia estructura del Estado -tan descentralizada y con tanto cargo y tanto asesor nombrados a dedo- favorece un cierto descontrol. Pero aunque tuviéramos el país mejor mejor administrado del mundo y nuestros políticos fueran de una rectitud luterana, seguiríamos encontrándonos con un déficit importante; quizá no del 8 por ciento, como pregonan ahora los miembros del Gobierno, pero muy elevado en todo caso.
Entonces, respondiendo a la pregunta de la funcionaria, habría que decir que "culpables" del déficit somos todos, aunque haya algunos más culpables que otros: los evasores de impuestos, los corruptos, los que no controlan las partidas presupuestarias bajo su mando, los que perciben prestaciones indebidas. Si todos somos "culpables" -en la medida en que nos beneficiamos de esos desequilibrios en que incurren las administraciones públicas-,entre todos tendremos que cargar con la "penitencia", aunque ya se ha dicho aquí que lo malo del actual Gobierno es que reparte mal esa penitencia.
Por otro lado, con el déficit pasa lo mismo que con ciertas medicinas: que no se le pueden retirar al enfermo de forma brusca, sino poco a poco. Los planes actuales de la UE para retirar la medicina al enfermo a marchas forzadas son excesivos y nos van a hundir un poco más en la recesión. Y mientras haya recesión no mejorarán los ingresos, lo cual nos aboca a un amenazante círculo vicioso.

martes 3 de enero de 2012

EL RECORTE DEL DÉFICIT Y LA IHR

Dinero llama a dinero –decían a veces los mayores en la barbería de la aldea remota-. Pero lo mucho a lo poco –remataba presto y con sorna alguno de los parroquianos-. La sabiduría popular nunca ha necesitado de la teoría económica para tener siempre presente que la riqueza –dejada al albur de eso que ahora llamamos los mercados- tiende a concentrarse en pocas manos.
En las medidas de ajuste aprobadas por el Consejo de Ministros en su última reunión de 2011 no hay absolutamente nada (más bien al contrario) para paliar este problema –esta injusticia- que viene agudizándose a lo largo de los últimos años: los ricos se hacen más ricos y los pobres se hunden un poco más en la pobreza. La Vicepresidenta habló pomposamente de un “recargo temporal de solidaridad” en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas. Pero todos sabemos que, en España, la recaudación por IRPF la soportan casi en exclusiva los asalariados y las denominadas clases medias. Las grandes fortunas no tributan por IRPF y prácticamente tampoco por el impuesto sobre las plusvalías del capital, puesto que disponen de una triquiñuela legal –las SICAV, Sociedades de Inversión de Capital Variable- que sólo está al alcance de quienes sean capaces de reunir un capital inicial mínimo de 2,4 millones de euros.
Al tiempo que se aprobaban las medidas del Gobierno, conocíamos el sueldo anual que ha tenido a bien asignarse a sí mismo el señor Presidente de Bankia, don Rodrigo Rato Figaredo, que fue Vicepresidente del Gobierno en la anterior etapa del PP: 2,3 millones de euros anuales en concepto de retribuciones fijas, a las que habrá que sumar una serie larga de conceptos variables. Un sueldo más de 10 veces superior a lo que cobra el Rey de España y a lo que cobraba el propio señor Rato cuando era Director Gerente del Fondo Monetario Internacional. ¿No debería el Consejo de Ministros haber incluido entre sus medidas algún recargo extra en el Impuesto de Sociedades para las empresas, públicas o privadas, que abonan sueldos tan “galácticos” a sus altos directivos? ¿Y no deberían las Comunidades Autónomas recuperar el Impuesto de Sucesiones, que tan alegremente se dedicaron a suprimir (o bonificar en un 99% de la cuota) bajo el liderazgo de doña Esperanza Aguirre?
El Ejecutivo del PP ha incumplido palmariamente las promesas electorales que hizo el señor Rajoy y las intenciones que expuso en el debate de investidura. Para justificar este proceder han recurrido al mismo expediente que en 1996: echar la culpa a los anteriores. Creo que fue Joaquín Leguina quien acuñó el concepto de la Insoportable Herencia Recibida (IHR) para poner en evidencia esta táctica marrullera de los populares. Todavía recuerdo a José María Aznar asegurando en los mítines que los socialistas les habían dejado en herencia una “Seguridad Social en quiebra”. Y ahora la señora Ministra de Trabajo ha dicho a sus seguidores que no han tenido más remedio que hacer lo contrario de lo que prometían porque “los socialistas nos han dejado una España en ruinas”. Pero ni la Seguridad Social estaba en quiebra entonces ni España está en ruina ahora. Si hace 15 años mintieron para no asumir sus propias responsabilidades, ¿qué motivo podemos tener ahora para creer que nos están diciendo la verdad?
Todos los ciudadanos éramos conscientes, creo, de que habría que hacer recortes, ajustes y sacrificios para reducir el déficit. Pero el Gobierno del PP reparte de manera injusta esos sacrificios y además intenta que otros carguen con las culpas. No parece que sea una manera muy brillante de comenzar la tarea que le encargaron los electores. A ver si comparece el señor Presidente en el Congreso y nos ofrece algo que se parezca a una explicación.

jueves 29 de diciembre de 2011

EL GOBIERNO DE RAJOY CONGELA EL SMI: SIGUEN LAS CHAPUZAS

Dijo el Presidente del Gobierno,cuando solicitó la confianza de la Cámara Baja, que su propósito era "gobernar para todos los españoles". Y ya vamos comprobando lo ilusorio, imposible o falso que resulta tal propósito. La primera decisión económica adoptada por el nuevo Ejecutivo perjudica descaradamente a un nutrido grupo de compatriotas, integrantes por cierto de los sectores más pobres o menos pudientes de la sociedad. Se congela el Salario Mínimo Interprofesional en los misérrimos 641,40 euros actuales. Cabría preguntarse por qué el patrón Estado se muestra dispuesto a hacer el "esfuerzo" de subir el sueldo de los pensionistas en un 1% y al mismo tiempo consiente o autoriza a los patronos privados a no subir el sueldo de sus trabajadores peor remunerados.
Según leo en los papeles, el Salario Mínimo Interprofesional se creó en 1980, siendo Presidente del Gobierno don Adolfo Suárez González, con una cuantía inicial que, convertida a nuestra actual divisa, ascendía a la cantidad de 136,85 euros mensuales. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, esa cantidad tendría que ser a día de hoy de unos 690 euros mensuales para que el SMI tuviera la misma capacidad adquisitiva que tenía cuando se creó. Es decir, que las sucesivas revisiones a lo largo de los últimos treinta años ni siquiera equivalen a la inflación acumulada. No cabe mezquindad mayor, me parece, en una sociedad que, en ese mismo período, ha visto crecer su "renta per cápita" en más de un punto por año, en términos reales, es decir, una vez descontada la inflación.
Rodríguez Zapatero prometió en su día situar el SMI en 800 euros mensuales al final de su segundo mandato. Promesa justa y razonable que ha quedado incumplida en el vendaval de la crisis. Ahora se nos dice desde el Gobierno, a fin de justificar lo injustificable, que la prioridad es crear empleo. ¿Pero alguien puede creer que se vaya a firmar o rescindir un solo contrato por el hecho de que el SMI suba 15 ó 20 euros mensuales? Las causas de la contratación o del despido hay que buscarlas, creo yo, en otro sitio.
Desde el Ministerio de Trabajo se ha señalado que son muy pocos los trabajadores que cobran el Salario Mínimo Interprofesional: unos 134.000. Más razón, entonces, para no condenarles a seguir en tan deplorable situación. Aunque posiblemente son muchos más los que perciben ese sueldo, sobre todo en el sector de las empleadas de hogar, donde no existe un convenio regulador de las condiciones laborales.
¿Para cuándo, señores Rajoy y De Guindos, alguna medida en relación con los elevadísimos sueldos que se adjudican a sí mismos-sin ningún pudor- los altos directivos de las empresas públicas y privadas? Sueldos que multiplican por diez o veinte veces el salario de Su Majestad el Rey, que ahora hemos conocido.

miércoles 21 de diciembre de 2011

MARIANO RAJOY EN SU MOMENTO DE GLORIA Y ESPLENDOR

Escribo estas líneas un par de horas antes de que Mariano Rajoy, después de haber jurado su cargo en el Palacio de la Zarzuela, anuncie los nombres de los nuevos ministros. Curiosamente esa comparecencia del nuevo Presidente del Gobierno ante los medios va a coincidir con otra comparecencia pública en la que un nutrido grupo de militantes y dirigentes socialistas van a presentar el documento titulado "Mucho PSOE por hacer".
Se me ocurre que una cosa sobre la que debieran reflexionar los redactores del documento socialista es que Rajoy ha conseguido por fin llegar a La Moncloa después de dos intentos previos fallidos. Casos como el de Rodríguez Zapatero, que consiguió ganar a la primera, son más bien la excepción. Recuérdese que Felipe González también perdió dos veces antes de ganar arrolladoramente en las elecciones de 1982; y también José María Aznar conoció el amargo sabor de la derrota en dos ocasiones antes de su triunfo por la mínima en 1996.
¿Qué quiero decir con todo esto? Que quizá los dirigentes socialistas no deberían dejarse arrastrar por el dramatismo de la derrota, por las prisas o las urgencias. Y que quizá deberían limitarse a un debate y una renovación tranquilos, con la vista puesta en el Congreso que ya tienen convocado y en el que habrán de elegir un nuevo Secretario General. ¿Sería mejor que el Secretario General lo elijan todos los militantes en lugar de los delegados elegidos para el Congreso? Es posible que sí, pero los estatutos actuales dicen que ha de elegirse en el Congreso, y en todo caso eso ya es un grado de democracia interna infinitamente superior al que se da en el PP, donde el líder designa con su dedo al sucesor, como ocurrió hace ocho años con Aznar y Rajoy.
Pero volvamos al Rajoy triunfante que a solas en su despacho de La Moncloa prepara la comparecencia de esta tarde, porque a lo mejor no es de muy buen gusto recordarle ahora que debe su liderazgo al dedo de su antecesor. Dijo en su discurso de investidura el nuevo Presidente que para su Gobierno no habrá españoles malos y españoles buenos, pero es evidente que a los parlamentarios y votantes de Amaiur los considera españoles malos, puesto que les ha impedido tener grupo parlamentario aun a riesgo de recibir un varapalo por parte del Tribunal Constitucional.
También dijo que, salvo las pensiones, todas las partidas de gasto están en revisión. No dijo nada, sin embargo, de pedir un esfuerzo a los que más tienen, por ejemplo a través del Impuesto de Sucesiones, que es claramente un impuesto a favor de los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad. Dijo asimismo el nuevo Presidente que es inaceptable la extendida práctica de que los futuros jubilados pasen previamente dos años por el paro, pero no dijo nada de los sueldos estratosféricos que se adjudican a sí mismos los altos directivos de las empresas. Y, hablando de la acción exterior que se propone llevar a cabo su Gobierno, no dijo nada de los paraísos fiscales, no dijo nada de incrementar la lucha contra el fraude fiscal.
Así que, con el discurso de Rajoy en la mano, uno siente que puede ser razonable la sospecha de que los esfuerzos y sacrificios que se van a pedir para cuadrar las cuentas van a ser muy asimétricos y que el resultado final será un peor reparto de la riqueza. Desde la derecha, y también desde la izquierda, se dice siempre -o casi siempre- que la mejor forma de repartir la riqueza es crear empleo. Pero ahí tenemos el ejemplo de Estados Unidos, donde hay la mitad de paro que aquí pero el doble de gente en la miseria, el doble o el triple de gente viviendo bajo el umbral de la pobreza, diez o quince veces más de gente sin ningún tipo de protección frente a la enfermedad. Cabe también la esperanza de que Rajoy decida mirar más hacia la Alemania de Angela Merkel, que tiene menos de la mitad de paro que nosotros, pero con una recaudación fiscal 10 puntos de PIB por encima de nosotros y con un gasto social otros 10 puntos de PIB por encima del que se registra en la piel de toro.

viernes 16 de diciembre de 2011

"VIOLENCIA" INSTITUCIONAL CONTRA AMAIUR: LA PRIMERA GRAN CHAPUZA DEL PP EN LA NUEVA LEGISLATURA

La Mesa del Congreso decidió anoche, mediante un impresentable pucherazo reglamentista, dejar sin grupo parlamentario a la coalición independentista vasca. La mayoría absoluta del PP se impuso a las abstenciones de PSOE y CiU, que tampoco tuvieron el valor de votar en contra, que es lo que merecía una decisión como esa.
Es verdad que Amaiur no cumplía el requisito de tener al menos el 15% de los votos en el conjunto de circunscripciones por las que se había presentado. ¡Pero no lo cumplía por tan sólo catorce centésimas en el porcentaje de voto que consiguió en Navarra! Verdad es, asimismo, que los simpatizantes de ETA intentaron la treta de constituir el grupo sólo con los elegidos en el País Vasco, donde sí cumplían esa exigencia del 15%. ¿Pero no es igualmente cierto que UPyD ha recurrido a la treta de unirse al diputado de Foro Asturias para constituir su grupo? ¿Y no es igualmente cierto que exitían unos cuantos precedentes de interpretación flexible del Reglamento del Congreso para facilitar la constitución de grupos parlamentarios? ¿Por qué tanta flexibilidad con unos y tanto rigor reglamentista con otros?
El PP tropieza en la misma piedra que ya tropezó Aznar cuando su desaforada obsesión con los nacionalistas catalanes: el resultado fue que en las elecciones de 2004 ERC sacó nada menos que 8 diputados. Ahora esta torpeza, este imperdonable error, será utilizado por los simpatizantes de ETA para presentarse como víctimas y se convertirá en el mejor argumento para fortalecer los sentimientos de agravio y el discurso independentista.
Sabemos de sobra quiénes dirigen Amaiur y cuáles son sus posiciones políticas con respecto al terrorismo que hemos sufrido los españoles, como también sabemos que los dirigentes irlandeses del Sin Feinn -ahora en el Gobierno del Ulster- eran al mismo tiempo dirigentes del IRA. Pero nos hemos pasado la vida diciéndole a la izquierda abertzale que, una vez llevada a cabo la renuncia a la violencia, todas las ideas políticas eran defendibles por la vía pacífica y de las urnas. Y cuando se disponen a hacerlo, sin que los tribunales hayan encontrado motivo alguno para ilegalizarlos, van los de la mayoría absoluta del PP y les estampan el reglamento en las narices. A eso le llamo yo "violencia" institucional, como reza el título de esta entrada.

viernes 18 de noviembre de 2011

LA PRIMA DE RIESGO Y EL DESENLACE PRESENTIDO: ESPERANDO A LA CABALLERÍA

Algunos lectores de ZD no habrán hecho la mili y, por tanto, les resultará extraña o absurda la inmemorial consigna con que los padres nos entregaban a aquella experiencia de la que, supuestamente, volveríamos hechos unos hombrecitos: que nadie se fije en ti, no destaques ni para bien ni para mal, ni por arriba ni por abajo, que nadie pueda recordar ni tu nombre ni tu número.
Lo que viene ocurriendo desde hace meses con la llamada prima de riesgo me recuerda vivamente aquellas desgracias –muchas veces imaginarias – que lloverían sobre nosotros durante el servicio militar si por alguna razón atraíamos la atención de oficiales y suboficiales de la compañía. Los países amenazados de ruina son aquellos que no han conseguido desarrollar una habilidad especial para pasar desapercibidos a los ojos de los mercados y de las agencias de calificación de riesgos. Agencias y mercados desempeñan hoy con despiadado entusiasmo el mismo papel que oficiales y suboficiales desempeñaban en el campamento de instrucción de reclutas.
En el día de ayer, el Tesoro español llevó a cabo una subasta de bonos a diez años por los que hubo de ofrecer una rentabilidad del 7,088% con tal de conseguir que los participantes en la misma (bancos y casas de bolsa) le prestasen 3.563 millones de euros. El dato ha sido recibido en los medios de comunicación con un comportamiento que cabría equiparar al de un bombero que se dedicase a lanzar gasolina con su manguera.
“Un coste insoportable”, titula su editorial de hoy el diario EL PAÍS. “Los costes financieros que debe pagar España crecen sin tasa ni media”, escribe el editorialista; y concluye: “Es una situación insostenible; la economía no puede permitirse ese coste de financiación durante mucho tiempo”.
¿Insostenible? ¿Insoportable? He aquí las palabrejas que caen sobre nosotros como si fueran chuzos de punta. Pero tratemos de sobreponernos al miedo, a la amenaza de plagas bíblicas que se cierne en nuestro horizonte, y echemos un vistazo a algunos datos objetivos. A lo largo de todo el año el Tesoro español ha venido colocando sus títulos a largo plazo con una rentabilidad por debajo del 5,5%. Quiere decirse que el coste adicional de esta última subasta viene a ser de unos 53,5 millones anuales en intereses que habrá que pagar. ¿Qué representa esa cantidad dentro de la partida total de más de 30.000 millones de euros anuales que España dedica a pagar los intereses de su deuda? Apenas nada. La confusión y el pánico subsiguiente vienen de creer que las rentabilidades del mercado secundario de la deuda se trasladan automáticamente a todo el volumen de títulos emitidos anteriormente, creencia falsa que quizá algunos promueven para que aceptemos sin rechistar esa musiquilla que tanto les gusta: ajustes y más ajustes, recortes y más recortes, disciplina y más disciplina. Ese traslado de rentabilidades se produce mucho más lentamente de lo que cabría deducir ateniéndose a las voces de alarma que se oyen por todas partes.
Como ha tenido a bien recordarnos el señor Rajoy, España tiene una deuda pública total de 700.000 millones de euros. Por cierto, se le ha olvidado añadir que esto de la deuda pública no es de hace dos días, que también durante los años en que gobernó el PP de José María Aznar teníamos un volumen de deuda aún mayor en términos de porcentaje sobre el PIB. Y, por supuesto, se le ha olvidado subrayar que esa deuda nuestra es inferior a la que tienen los alemanes, con todo lo gallitos e intransigentes que se ponen.
Pero volvamos a los datos objetivos. España tiene que renovar cada año un 10% de la deuda en circulación y además tiene que buscar financiación para el déficit anual. En estos momentos, pues, el Tesoro necesita captar unos 120.000 millones anuales para cubrir sus necesidades. El coste medio anual de los títulos ya emitidos (los intereses que hay que pagar) está en torno al 4,5%, lo que viene a dar esos más de 30.000 millones que citábamos más arriba y que representan, más o menos, un 3,2 de nuestro PIB. En el supuesto de que la prima de riesgo siguiera donde está ahora, el coste adicional de financiación (un 2,5 más sobre 120.000 millones) vendría a ser de unos 3.000 millones de euros: ¡tardaríamos tres años en incrementar un 1% del PIB la partida dedicada a pagar los intereses de la deuda! Evidentemente, cuantos menos intereses haya que pagar mucho mejor (mucho mejor para el Estado, que no para los ahorradores), pero no parece que sea como para rasgarse las vestiduras el hecho de que la partida destinada al abono de intereses se incremente en 3.000 millones anuales dentro de un presupuesto público total de 350.000 millones, y más teniendo en cuenta que el Tesoro recupera una parte de esos intereses por la vía del impuesto sobre las plusvalías.
Más datos objetivos. A los medios de comunicación en general, a los líderes de opinión, a los analistas y a los líderes políticos se les olvida recordar que la prima de riesgo aumenta no sólo por los intereses que se exigen a la deuda española: se incrementa también por los intereses que dejan de exigirse a la deuda alemana. No es normal –si en las circunstancias actuales cabe hablar de normalidad- que los ahorradores, los inversores, los gestores de fondos de inversión y de pensiones, los responsables de las carteras de los bancos (en definitiva, es puñado de seres de carne y hueso a los que conocemos con el nombre genérico de “mercados”) prefieran prestarle el dinero a Alemania al precio irrisorio de un 2% antes que prestárselo a España o a Italia al 6 y pico por ciento. Si a los intereses que a día de hoy se le exigen a Alemania les restamos los impuestos y la inflación esperada, resulta que el retorno que un inversor recibirá por su dinero es negativo en términos reales. La única posibilidad que tiene de que ese retorno resulte positivo es que otros inversores –aún más miedosos o más irracionales- estén dispuestos a comprar los títulos en el futuro a tasas de interés aún más reducidas. Esa no es una situación normal, se mire como se mire.
La pregunta que cabe hacerse es: si los datos objetivos son los que son, por qué tanta alarma. Creo que la respuesta es no la situación actual en sí misma, sino la convicción extendida de que en cualquier momento puede desatarse una espiral de pánico incontrolable. Los líderes políticos europeos no están lanzando los mensajes adecuados para recuperar la confianza, pero los integrantes de “los mercados” (aun admitiendo que actúan de buena fe y no por puro afán especulativo) tampoco están actuando de un modo muy racional: si un banco, o un fondo de pensiones, estaba dispuesto hace unos meses a comprar deuda española al 5% no veo razón alguna para que no quiera comprarla al 6,5.
Casi todas las miradas se han vuelto hacia el Banco Central Europeo para pedirle que emplee toda su capacidad disuasoria a fin de evitar la espiral de pánico, que haga lo mismo que están haciendo la Reserva Federal de los Estados Unidos o el Banco de Inglaterra. Y no cabe duda de que podría hacerlo, con su liquidez sin límites. Pero muchos olvidan un detalle: el retorno a la normalidad, a la confianza, tienen que basarse también en el comportamiento de los inversores, de la gente que maneja dinero y tiene capacidad para decidir a quién se lo presta y a quién no. Tan solo un ejemplo al respecto: si los chinos hicieran con la ingente cantidad de deuda americana que acumulan lo mismo que están haciendo “los mercados” en Europa con la deuda española o italiana, la bóveda celeste se desplomaría sobre nuestras cabezas.
¿Oiremos al final en lontananza el cornetín de la caballería? Yo me inclino a creer que sí, pero también podría ser que no. Y en este caso, conviene dejar claro que las culpas del desastre no podrán cargarse en exclusiva a la cuenta del BCE, serán culpas muy repartidas.