domingo, 13 de septiembre de 2009

EL "BOTELLÓN" COMO SÍNTOMA Y TRADICIÓN

Habíamos llegado hasta aquella aldea perdida -tierras altas del septentrión alcarreño - en busca de un sitio donde rematar la jornada senderista tomando un buen café calentito. Después de un par de vueltas no conseguimos encontrar ni café ni ciudadanos a los que preguntar, pero en cambio nos topamos con una joya impagable. En una de las paredes del viejo frontón, escrita en caracteres grandes e irregulares de un añil muy desvaído por el paso del tiempo, campeaba esta advertencia: Al forastero que venga a pretender, le cuesta la moza 500 pesetas.
He recordado esta anécdota, entrañable y mínima, leyendo las informaciones sobre los disturbios provocados en Pozuelo de Alarcón por jóvenes que hacían botellón. Me parece que hay un hilo conductor entre el comportamiento de estos mozos de ahora (que no saben lo que es pretender ni se les pasa por la cabeza pagar un peaje por ir con el botellón a otra parte) y el de aquellos otros que escribieron hace unas cuantas décadas el citado aviso para navegantes. Y ese hilo no es otro que el de la rebeldía sin causa, la desorientación frente a un mundo que no controlan, la necesidad de transgredir las reglas, el miedo a separarse de la masa, la búsqueda del propio yo bien diferenciado del yo de los mayores, etc.
Juventud y tendencia al gamberrismo han ido e irán siempre de la mano, aunque por fortuna los que cometen actos tan deplorables son una minoría. En Alcalá de Henares, durante las postrimerías del franquismo, eran famosas las peleas entre los estudiantes de la Universidad Laboral y los chicos del barrio que llamaban Campo del Ángel. El motivo: los chicos autóctonos no veían con buenos ojos el peligro de que las chicas del barrio prefirieran ligar con los "laborales". Tampoco era buena la convivencia con los militares de la Brigada Paracaidista. En cierta ocasión, una compañía arrasó literalmente una discoteca en venganza por una pelea anterior en la que ellos habían llevado la peor parte.
Desde hace algún tiempo los chicos y las chicas se dan al botellón. ¿Por qué? No porque sean peores, o más maleducados o más incívicos que los que les precedieron. Lo hacen, en primer lugar, porque es más barato, porque es lo que está más al alcance de sus menguados bolsillos. Los precios que se aplican en terrazas y bares de copas son escandalosos. Por ejemplo, este fin de semana se celebró en la plaza de toros de Alcalá una "Oktoberfest" al estilo de la que tiene lugar cada otoño en las cervecerías de Munich. Pues bien, medio litro de cerveza costaba 3,70 euros, casi un euro más de lo que cuesta tomarse ese mismo medio litro en la cervecería muniquesa donde Hitler hizo sus primeros pinitos como orador de masas. Y con la diferencia añadida de que en Alemania los sueldos son un 20 ó un 30 por ciento superiores a los de aquí.
En segundo lugar, los jóvenes se dan al botellón porque les divierte más beber en grupo -tanto más cuanto más grande sea el grupo - y porque desentonarían si trataran de ocupar o compartir los espacios que normalmente ocupan los ciudadanos de más edad y más dinero en el bolsillo. Es verdad que lo dejan todo perdido, pero tampoco en esto son los únicos: en la misma Alcalá, el espacio donde se instala cada semana el "mercadillo de los lunes" queda al final de la jornada como un campo de batalla, pero nadie se asusta por ello y el Ayuntamiento cumple diligentemente su obligación de enviar una brigada de limpieza.
Por supuesto que debemos hacer lo posible por recuperar la autoridad de los profesores y de las familias, como ha pedido muy oportunamente el Defensor del Pueblo. Eso lo suscribe cualquiera que tenga dos dedos de frente. Y por supuesto que los padres tienen que ser responsables civiles subsidiarios de los daños o desmanes que cometan sus hijos. Pero no nos engañemos: por la vía represiva no se va a acabar con el botellón. Es una forma de convivencia nacida de la necesidad, es el invento ideado por una generación de jóvenes para cumplir el deseo de estar juntos y de espaldas al mundo de los adultos. Es como los guateques de hace medio siglo, en los que también a veces estallaban broncas monumentales. Y desaparecerá cuando otra generación de jóvenes consiga inventar otra cosa para dedicarse a lo mismo de toda la vida.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

DEBATE ECONÓMICO EN EL CONGRESO: ¿LA BOTELLA MEDIO LLENA O MEDIO VACÍA?

Como era de esperar, el debate sobre la situación económica que atraviesa España se centró en la anunciada subida de impuestos, una medicina amarga que ZP, atrapado entre la espada y la pared, defendió con coraje. En medio del fuego graneado a que fue sometido desde los bancos de la oposición se aferró a su legitimidad para pedir a los ciudadanos, "a los que pueden", un sacrificio fiscal extra con el fin de atender a lo que él considera el asunto capital de nuestra economía en el momento actual: la protección social y especialmente la ayuda a las personas que han perdido su empleo.
En su intervención inicial el Jefe del Gobierno me dio la impresión de ser un náufrago que busca desesperadamente un tablón al que abrazarse. Y ese tablón vino a dárselo, de forma inesperada, la agencia internacional Moodys, dedicada a la calificación de riesgos financieros, que ha decidido mantener para el Reino de España la triple A, un privilegio del que sólo gozan los más solventes, como Estados Unidos, Francia y Alemania.
Lo peor ha pasado ya, repetía ZP en su esfuerzo denodado por hacernos ver la botella medio llena. Y hasta parecía dispuesto a hacerse trampas en el solitario. Aseguró que desde Abril, a pesar del aumento del paro registrado, la evolución del empleo da síntomas de mejoría; y no tuvo empacho en afirmar que la muy etérea Ley de Economía Sostenible será un revulsivo para la recuperación y la creación de puestos de trabajo. Pero ¿cómo podemos creernos que lo peor ya ha pasado mientras siga creciendo la cifra total de parados? Necesitamos, como mínimo, un crecimiento del 2 por ciento para que no haya destrucción de empleo y a día de hoy en lo que estamos es en una caída del 4,2.
Mariano Rajoy empleó un tono menos descalificativo que en otras ocasiones, pero aún así afirmó que "mientras Rodríguez Zapatero siga gobernando la cosas seguirán yendo a peor". A su juicio, con la subida de impuestos la economía sufrirá un nuevo impacto negativo y lo que está haciendo ahora ZP es "pedirle sacrificios a la gente para pagar los errores que usted ha cometido". En la misma línea argumental se situó el portavoz de CIU, Josep Antoni Durán i Lleida, quien considera que la política presupuestaria "está descontrolada", que el Presidente "no genera ya confianza" porque ha tomado las medidas equivocadas además de no haber sabido prever la que se nos venía encima y de haberse enfrentado con los empresarios, que "son los que crean empleo".
¿Dónde meter la tijera? El debate no arrojó luz alguna en este punto, nadie señaló una partida importante en la que pudieran recortarse los gastos de forma drástica. ZP lo subrayó con contundencia frente a alguna medida de poco momento que le sugería Durán Lleida, como suprimir algún ministerio o reducir aún más la presencia de la Administración Central en las Comunidades Autónomas. Dado el tono menos crispado que en ocasiones precedentes, del debate sí salió al menos un compromiso: el de que Rodríguez Zapatero y Rajoy Brey se reunirán para analizar conjuntamente el estado del gasto público, como dos ajedrecistas que se sientan para analizar las posibles variantes de una partida una vez finalizada ésta.
La variante que no supo o no quiso ver el Gobierno es el boquete tremendo que iba a abrirse por el efecto combinado de la caída de ingresos y el aumento de gastos derivado del incremento del paro. Por ese boquete (10 por ciento del PIB previsto para 2009) se le está yendo la vida al Reino de España y hay que taponarlo como sea. Lo taponaremos, de otras peores que esta hemos salido, como decía el gran Fuentes Quintana. Pero vamos a salir cabreando a mucha gente; y ese cabreo se va a dirigir sobre todo contra uno que tuvo una vez la osadía de decir que "bajar los impuestos es de izquierdas". No es que nuestro hombre sea feo, pero como dice la campechana Esperanza Aguirre, calladito habría estado mucho más guapo.

lunes, 7 de septiembre de 2009

A VUELTAS CON EL PODER Y SUS SOLEDADES

El poder no me va a cambiar, les dijo José Luis Rodríguez Zapatero a sus seguidores en la noche memorable del 14 de Marzo de 2004. Pero no pasó mucho tiempo antes de que comprobáramos que aquella era una promesa imposible, puede que bienintencionada, pero imposible. No más pisar el Palacio de la Moncloa, a ZP, con la excusa de actualizar su imagen, le cambiaron el peinado; y los trajes, que casi le hacían parecer contrahecho cuando era el jefe de la oposición, empezaron a sentarle muy bien o por lo menos correctamente, porque alguno de sus asesores tomó la precaución de contratar los servicios de un sastre.
El poder, esa cosa indefinible que, según la opinión más extendida, nunca se comparte, tiene estas servidumbres. Nadie puede salir indemne de una situación en la que todos los que te rodean jamás se atreven a decir no, obedecen sin rechistar, compiten entre sí por el lugar más cercano a tu persona y tratan de adelantarse a tus deseos.
Fui testigo directo del culto a la personalidad de José María Aznar que practicaban los populares y ahora observo desde la distancia el culto de los socialistas a Rodríguez Zapatero. También fui testigo directo -aunque de esto hace ya mucho más tiempo - de cómo Santiago Carrillo les decía a los "renovadores" del PCE en un congreso que él "no era hombre de pactos internos". Carrillo, el abanderado del consenso, el muñidor de la política de reconciliación nacional, no era capaz de consentir una corriente crítica dentro de su propio partido. El poder no se comparte, y la democracia, entendida como la participación colectiva en la toma de decisiones, sigue siendo una utopía.
Pensaba yo en estas cosas mientras leía en el periódico una entrevista con Jordi Sevilla, el hombre que cometió el error imperdonable de decirle al líder que necesitaba un par de tardes para ponerse al día en los asuntos económicos y presupuestarios. Sevilla fue uno de los principales impulsores de la candidatura de ZP a la Secretaría General del PSOE. Pero su destino estaba sellado desde aquel día aciago en que no pudo evitar que los micrófonos captaran lo que estaba diciendo al oído del líder. Ahora, el antiguo Ministro de Administraciones Públicas, condenado al ostracismo, ha optado por irse a la empresa privada, a ganar dinero, ya que influencia política no le quedaba ninguna.
A mí me caía y me cae bien Sevilla, porque es una persona con discurso propio y además un día le oí defender la función pública como un instrumento para favorecer la igualdad de oportunidades y como una vía para el ascenso social de las clases más humildes. También me caía bien Jesús Caldera, que fue la mano derecha de ZP en los tiempos de la oposición y aspiraba a una Vicepresidencia en 2004, pero hubo de contentarse con el Ministerio de Trabajo. Caldera está sufriendo, como Sevilla, los rigores del exilio interior, acceder al líder le resulta poco menos que imposible y muy posiblemente está a la espera de una ocasión propicia para "saltar" del barco y enrolarse en la empresa privada.
El poder no se comparte, quien se hace con él necesita que el espejo le diga cada mañana que es el más guapo, que posee la inteligencia más aguda y el secreto para las decisiones siempre acertadas. El que se hace con el poder necesita contemplar a su alrededor una masa de cabezas obedientes y no descollantes. Si bien hemos de reconocer los avances extraordinarios que se han conseguido, porque antes las cabezas no ajustadas a la norma rodaban físicamente y ahora sólo como metáfora.
En Rodiezmo ZP ha dicho que él no improvisa ni rectifica, sólo se adapta. Y ha prometido que guiará al país hacia la recuperación económica. Yo lo veo a sólo un par de pasos de emprender un camino por el que llevará a los suyos de derrota en derrota hasta la victoria final.

viernes, 4 de septiembre de 2009

EL ESTADO DE LAS CUENTAS PÚBLICAS Y LOS IMPUESTOS

En este primer viernes de Septiembre, primer viernes del otoño político, el Presidente del gobierno se ha reunido de nuevo con los interlocutores sociales para tratar de recuperar el clima de diálogo que se rompió tan abruptamente antes de las vacaciones veraniegas.
Los líderes de la patronal y de los sindicatos han escuchado las explicaciones de Rodríguez Zapatero sobre su proyecto de ley de economía sostenible, un proyecto que se tramitará en paralelo con los Presupuestos 2010 y en el que el Presidente tiene depositadas grandes esperanzas para transitar desde lo que hemos dado en llamar economía del ladrillo a la del conocimiento, la innovación y la productividad.
El encuentro en La Moncloa se celebraba tan sólo dos días después de que el Ejecutivo aceptara en el Congreso un pacto con los grupos de izquierda para retrotraer al 1 de Enero de este año los efectos del subsidio que se concederá a los parados que agoten sus prestaciones contributivas. La fecha del 1 de Enero es tan arbitraria como otra cualquiera, pero resulta más coherente con nuestros usos y costumbres. Su único defecto es que añade más leña a ese incendio en que se han convertido las cuentas públicas.
La crisis, con la furia incontenible de un torrente, se ha llevado por delante el cómodo superávit de ejercicios anteriores. Al gobierno de ZP no le ha quedado más remedio que anunciar una "moderada subida de impuestos", medicina amarga que irá acompañada de otros brebajes cuyo sabor no será fácil de soportar, como la congelación del sueldo de los empleados públicos. Puede que alguno se esté arrepintiendo ahora de la prisa que se dieron en implantar medidas demagógicas e injustas, como la supresión de los impuestos de Sucesiones y de Patrimonio. Aquello fue un agravio contra los sectores menos pudientes de la población y esto que se anuncia ahora (con más hincapié en los impuestos indirectos que en los directos) acabará siendo otro agravio. Creo que fue Antonio Machado quien dejó dicho que "el pueblo nunca invoca la palabra patria, pero, llegado el momento, la compra con su sangre". O con sus impuestos, podríamos añadir ahora.
Con esto de los impuestos, si se me permite la comparación, pasa como con la indisolubilidad del matrimonio católico. La Iglesia siempre ha defendido con uñas y dientes esa indisolubilidad, pero no dejó de conceder disoluciones a quienes tuvieran el dinero suficiente para pagarlas. Ahora se supone, de acuerdo con la Constitución, que todos debemos contribuir al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con nuestra capacidad económica, pero quienes disponen del dinero necesario para constituir una SICAV -sociedades de inversión colectiva- sólo pagan el 1 por ciento de los rendimientos que obtienen. De modo que la anunciada subida -limitada y temporal, eso sí - de la imposición sobre las rentas del capital recaerá principalmente en quienes tienen sus modestos ahorros colocados en deuda pública o depósitos a plazo, es decir, los sectores menos pudientes y las clases medias. Podían habérselo pensado antes de suprimir tan alegremente las figuras tributarias que tan antipáticas resultaban a los ojos de los más ricos y poderosos.
Siempre cuento a quien quiere escucharme el mismo caso, por su carácter paradigmático y memorable: cuando murió don Emilio Botín López, padre del actual presidente del banco Santander, las comunidades autónomas de Madrid y Cantabria pleitearon largamente por los casi 10.000 millones de pesetas que la familia Botín debía pagar en concepto de Impuesto de Sucesiones. Por desgracia, no todos los que abandonan este mundo consiguen dejar una herencia tan envidiable, pero aún así resulta incomprensible que los socialistas se haya dejado arrastrar por los populares a suprimir, de manera muy poco meditada, el citado impuesto. Y los populares no deberían sacar tanto pecho al proclamar sus promesas de "votar contra toda subida de impuestos", porque en buena parte podríamos decir que aquellos polvos trajeron estos lodos. Ellos también son responsables de los problemas de financiación que arrastran las Comunidades Autónomas, problemas que son otra de las patas en que se apoya el desbocado déficit público.

sábado, 29 de agosto de 2009

COMIENZA EL NUEVO CURSO POLÍTICO: ZP EN SU LABERINTO

Es tradicional (aunque no siempre se cumple) que el Presidente del Gobierno dé el pistoletazo de salida del nuevo curso político con una comparecencia ante los medios de comunicación. Rodríguez Zapatero se ajustó esta vez al guión para celebrar en el Palacio de la Moncloa una rueda de prensa en la que su empeño principal fue enviar un mensaje de confianza y tranquilidad a los ciudadanos (el famoso optimismo antropológico de otros tiempos, ni mencionarlo.) Según el análisis del Presidente, lo peor de la crisis ya ha pasado, aunque seguirán los tiempos duros; las vacunas contra la gripe A estarán a su debido tiempo disponibles para todo el que las necesite; y de la esperada sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán ya hablaremos cuando se produzca.
El mensaje de tranquilidad y confianza buscó también a quienes puedan estar preocupados por la anunciada subida de impuestos y a quienes sientan inquietud por el futuro de las prestaciones sociales. Hubo un momento en que el bronceado ZP dio la sensación de verse a sí mismo como el hombre capaz de completar la cuadratura del círculo: en 2012 recuperaremos un déficit público no superior al 3 por ciento, el objetivo irrenunciable del Gobierno seguirá siendo "la cohesión social, la protección social y el estado del bienestar". Ambas cosas son posibles, según ZP, sin que la presión fiscal española -siete puntos por debajo de la media europea- crezca sustancialmente.
Qué es la presión fiscal, puede que se preguntase algún espectador que viera en directo la rueda de prensa y puede que se lo pregunte algún lector de ZD. La presión fiscal no es otra cosa que la proporción que representan los ingresos del Estado sobre la cuantía total del Producto Interior Bruto. Sumando los ingresos de la Administración Central, las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos, esa proporción con toda seguridad está por encima del 40 por ciento, pero a los efectos del debate político la presión fiscal que se toma como referencia es la que ejerce el Estado entendido como administración Central. La cifra total de ingresos (impuestos más cotizaciones sociales) suele situarse alrededor del 35 por ciento del PIB, aunque este año puede que la mencionada presión fiscal esté bajando a consecuencia de la dramática caída en la recaudación, provocada por la contracción económica.
Rodríguez Zapatero ha prometido que seguirá la "moderación fiscal" y que las subidas de impuestos serán limitadas y temporales. Para saber sobre qué figuras tributarias se aplicarán estos incrementos habremos de esperar hasta la presentación del proyecto de Presupuestos, pero ZP adelantó que, en su opinión, los ingresos salariales y de las empresas "deben ser preservados". De modo que bien podríamos encontrarnos con algún retoque en los impuestos especiales (tabaco y carburantes), el IVA y los que gravan las rentas del capital y del ahorro.
¿Puede España mantener un estado del bienestar similar al de nuestros principales socios europeos con una presión fiscal siete puntos por debajo de la media? Según el discurso de ZP, sí. Y no sólo eso, sino que además puede reducir su déficit público (algo así como el 10 por ciento en 2009) al 3 por ciento en 2.012. Hay que tener mucha confianza en el buen pulso del Presidente para creérselo, pero más bien la impresión que tiene uno es que antes o después se impondrá la cruda realidad. Es decir, que iremos a un aplazamiento sine die del ajuste entre los ingresos y gastos de la Administración, ya que recortes en las prestaciones no habrá mientras ZP siga al frente del Ejecutivo. Los milagros son cosas que ocurren muy rara vez, le decía Don Quijote a su escudero. Pero en la España de hoy muchos ciudadanos sí parecen confiar en los milagros, y ahí tenemos a la Bolsa -de la que hablábamos aquí antes de la huida hacia los chiringuitos playeros-marcando máximos anuales una jornada tras otra.

miércoles, 12 de agosto de 2009

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN LA BOLSA?

Hablábamos en nuestra "entrada" anterior de las muchas sombras que se ciernen sobre la vida política española, empezando por la corrupción, que posiblemente es la peor de todas. Y si los nubarrornes sobre la política son de los que descargan aguaceros de furia incontenible, ¿qué decir de los nubarrones sobre la actividad económica?
En realidad, el pedrisco comenzó a caer sobre la economía hace ya bastantes meses y ahora estamos a la espera de alguna buena noticia, a la espera de algún brote verde, según la expresión que se ha puesto de moda. Pero, hasta el momento, todos los datos invitan al pesimismo: fracasó el diálogo social, siguen los cierres de empresa, menudean los expedientes de regulación de empleo, la tasa de paro aumenta, desciende el número de afiliados a la Seguridad Social, caen los ingresos del Estado y se incrementan el déficit y la deuda, el consumo no se reanima a pesar del descenso en los precios y el mercado inmobiliario no sale del hoyo.
En medio de este panorama tan sombrío, un dato espectacular y sorprendente: la escalada de la Bolsa española en los siete primeros meses del año. En estos últimos días parece que el impulso alcista da muestras de agotamiento, pero el índice Ibex 35 tocó los 11.000 puntos en la sesión del martes y hoy miércoles ha vuelto a cerrar en la zona de máximos anuales. Eso representa una subida de nada menos que el 60 por ciento con respecto a los mínimos anuales, que se marcaron en el mes de marzo. Si hemos de creer el dicho ese de que el mercado bursátil se anticipa a lo que va a suceder, deberíamos llegar a la conclusión de que nos aguarda un futuro inmediato casi esplendoroso.
Para el conjunto del año, el Ibex 35 presenta una subida de casi el 19 por ciento, tres veces más de lo que han subido los índices de Nueva York o Londres, y más del doble que el europeo Eurostoxx 50. Sólo el Nikkei, el índice de la Bolsa de Tokio, consigue una subida similar a la de los valores españoles.
Confieso que se me escapa la razón (o las razones) de que el índice español se haya despegado tanto del resto de índices de las principales bolsas mundiales. Se me antoja una situación anómala, y más teniendo en cuenta que los datos reales que ofrece la economía española son peores que los registrados en el conjunto de los países más desarrollados. Podría pensarse que las subidas de las cotizaciones se debe al exceso de los recortes en el ejercicio anterior, pero lo cierto es que la caída del Ibex en 2008 fue similar a la que sufrieron los otros índices.
Una explicación que se me ocurre, a falta de datos objetivos, es que alguien esté "calentando" las cotizaciones, como se dice en el argot de los parqués. Las empresas españolas, por término medio, son más pequeñas y resulta más fácil manipularlas con una cantidad de dinero no demasiado grande. Por otra parte, el peso de los valores bancarios ( Santander, BBVA, Popular, etc.) es muy grande en el índice y estos valores fueron muy castigados el año pasado y en estos últimos meses han subido como la espuma. Aunque la compra de acciones propias es una práctica prohibida más allá de ciertos límites, bien podría ocurrir que alguien hubiera decidido dar una alegría a los accionistas dedicando un dinerillo a "cuidar el valor" en lugar de dedicarlo a préstamos empresariales, hipotecarios o de consumo.
Se crea así una situación de alto riesgo para los particulares que decidan colocar sus ahorros en la renta variable, porque podrían encontrarse con un pequeño susto (o mediano) a corto plazo. Es verdad que el Ibex 35 se encuentra aún muy alejado de la zona de máximos históricos y, a medio plazo, tiene bastante recorrido hacia arriba. Pero quien entre ahora tiene que estar ojo avizor y ser consciente de que el recorrido muy bien podría ser hacia abajo.

DESPEDIDA SIN CIERRE
P.S. El autor de ZD, como alguno de los amables lectores, también se retira por unos días a la sombra del chiringuito. Para San Bartolomé, más o menos, volveremos al tajo.

domingo, 9 de agosto de 2009

VACACIONES DE AGOSTO: DEMASIADAS SOMBRAS Y POCAS LUCES

Llevamos un verano muy duro en lo que a incendios forestales se refiere. Y parece que esa calamidad que periódicamente se abate contra nuestras gentes y nuestros paisajes se ha contagiado este año a la clase política. Casi nunca ha sido del todo cierto que el mes de Agosto, desde la perspectiva política, fuera un mar de la tranquilidad, pero en este 2009, desde sus lugares de vacaciones, sirviéndose de las últimas tecnologías de la comunicación, los primeros espadas de la política nacional se están superando a sí mismos.
Después de varios días de escalada verbal, este domingo me encuentro en el diario EL PAÍS con un editorial titulado "O pruebas o dimisión". Se refiere a la acusación de espionaje ilegal lanzada contra el Gobierno por María Dolores de Cospedal. Puede que la Secretaria General del PP se haya metido en un mal paso, porque, como dice el editorialista, "es inaceptable que una representante política de su categoría acuse sin pruebas al Gobierno, a la Fiscalía General del Estado, a los cuerpos de seguridad, a los servicios de inteligencia y a los jueces de cometer delitos más propios de un estado totalitario que de una democracia europea".
Hace unos días, hablando del sindicalismo y los problemas del diálogo social y las relaciones laborales, un lector anónimo venía a decir en ZD que gente decente y de principios la hay en todas partes, como hay también en todas partes gente no cumplidora y poco de fiar. Tenía toda la razón en este punto, porque ya llevamos mucho tiempo viendo cómo la corrupción, ese cáncer que enferma de muerte a las instituciones democráticas, florece bajo todas las banderas políticas. Es evidente que los seres humanos estamos hechos todos con el mismo material y quienes no cometen ninguna tropelía lo deben no tanto a la probidad de su carácter como a la suerte de no habérseles presentado la ocasión propicia.
Ahora bien, la pregunta es qué hacer frente a las tropelías, sabiendo que puede cometerlas cualquiera. ¿Debemos mirar para otro sitio? En estos últimos días, el Partido Popular (puede que en las mismas circunstancias otros habrían hecho lo mismo) ha reaccionado de la manera más lamentable ante los nuevos casos de presunta corrupcion destapados en Baleares: en lugar de condenarlos y dejar que los servidores de la justicia hagan su trabajo, ha emprendido una incomprensible fuga hacia adelante con esa acusación de espionaje ilegal.
La corrupción, que se da aquí y en todas partes (véase el caso del matrimono Kirchner en Argentina), es un torpedo contra la línea de flotación del ideal democrático y tiene que ser perseguida cuanto sea posible y hasta donde sea posible. Y dedicarse a agitar cortinas de humo cuando surgen estos casos es lo peor que pueden hacer aquellos que tienen en sus manos la representanción de la soberanía nacional.